domingo, 4 de enero de 2009

Falsos filántropos

Regreso este nuevo año a este humilde blog que comenzó de un pequeña rabia mental de su autor quien, asqueado de ver  Cecilia Valenzuela y a Aldo Mariátegui en los medios, decidió incursionar de a pocos en la opinión.

En esta ocasión, las nauseas me las provocó una miseria mediática llamada Teletón.  No estoy seguro de haber aguantado la vergüenza, ni repugnancia por las hipocresías en la tv.

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¿Que la recaudación es para los niños de la clínica San Juan de Dios? ¿Y qué onda con el resto de discapacitados de todo el país, niños, grandes, medianos?

¿Es el deber de la caridad de los peruanos salvar las necesidades de una clínica de niños con discapacidad y desamparo? ¿Acaso los peruanos no hacen ya su tarea pagando los impuestos y llenando los bolsillos de unas autoridades que no administran de manera adecuada el dinero del país?

¿No sería mejor dejar de hacer teletones ridículas  y no aumentar por ejemplo el sueldo a los ministros y a los congresistas? Dicho sea de paso, noticia de comienzo de año, ministros ganarán ahora casi como los otorongos, es decir, alrededor de 15,000 soles (de los 8,000 que percibían como medida de austeridad al comienzo del mandato del más demagogo).

O quizás dejar de tirar plata en campañas patéticas y atender las leyes que los discapacitados realmente reclaman, como lo hizo Maggie Pimentel de la Coordinadora Nacional de la Mesa Temática de Discapacidad de Foro Salud en entrevista con Hildebrandt, la cual reclamó que los programas planteados por el gobierno sólo cubren enfermedades del cotidiano, mas no sus discapacidades que son lo que realmente importan.

El canalla Alan, elmismo que bailó con Gisela y con Lucecita en la Teletón,  devolvió a los discapacitados una ley que plantearon con beneficios para las personas con discapacidad y su gabinete y congreso, los tienen con un SIS que no cubre lo único que debería cubrir, sus discapacidades, ocupándose de catarros y gripes.

Por Dios, televidente peruano, no haga caso de toda esta mierda. No sea un filántropo mediocre. No sea caritativo. Exijamos el progreso, no pidamos limosnas. Condenemos esa caridad que no hace más que pintar un mundo de colores que no existe sino hasta cuando se acaba la Teletón.




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